RELATORIO EN VERINES, 2004.

CRIATURAS

Estíbaliz… Espinosa Río

La cámara enfoca una sala débilmente iluminada.

Picado:

Tengo miedo

Quiero seguir

Entrasteis en mi página. Nos hemos quedado todos encerrados en ella. Vosotros y yo. Hay algo de instantánea, un clic que nos somete. Si fueseis cromañones que aún no saben escribir y esculpen una Venus sin rostro por toda respuesta al cosmos…

Si fueseis vikingos que empiezan a conocer el magnetismo de las piedras para guiarse en la niebla, como respuesta a su cosmos…

Si fueseis plantas que fotosintetizan su miedo…

Animales que se parten en dos para sobrevivir…

Pero no lo sois.

Sólo sois eso que sois. Y seguís siendo.  La respuesta a vuestro cosmos es la misma que la mía. Que no es la única. Ni mucho menos la más insobornable. Ni la menos plagio. Ni la menos autómata.

Sois gentes que se han puesto a escribir para esquivar meteoros, para devorar estrellas, para hacer el amor dentro de una página y no poder darle la vuelta porque es demasiado intensa, y nos clava sus zarpas: no me dejes. A escribir para dañar el universo, su física, volverla una víscera que lata, un metal que resuene, una lápida que se burle de la muerte y deje salir cromañones y vikingos y cortesanas japonesas que escriben en su almohada o trovadores que inquietan el mar maior frente a Vigo o picapleitos hechos polvo enamorado o alemanes que admiten la belleza terrible de los ángeles o catalanes que nos leguen la sencillez de este poema: “Guante. Mano” o andaluces cuyo nombre no se puede oír sin escalofrío o vascos que canten “Si le hubiera cortado las alas, sería mío, no se habría marchado. Pero así ya nunca más sería pájaro”. La poesía está fabricada de algo que no puede decirse y, sin embargo, se dice. Es exactamente igual a la materia de la que estás hecha tú. Somos híbridos de carne y metal. Robots que reproducen lo que ya ha sido con el espejismo de lo nuevo. Y por eso hemos conmovido al universo y nos ha dejado quedarnos.

Spinoza decía que la divinidad equivalía a la naturaleza entera. Quien les habla sostiene que eso que llamamos Vida y que queremos hallar en lo inerte, es el universo entero, bajo otra forma. Otra máscara. Hay más de metafísica en la física, la materia no es materia. De igual modo, las palabras son más que simples palabras. Nos engañan. Deliciosamente. Son como las células sexuales. Somos sus esclavos.

Y la poesía, si es que ha existido alguna vez –y hay fuentes, más o menos fiables, que aseguran que sí y este ser que les habla, una niña candorosa y prefabricada chupando un helado hecho de galaxias, es altamente impresionable y se lo ha creído todo – es quizás otra variedad de partícula subatómica. Es decir, pertenece a ese reino inexplicable de diminutas fuerzas que exige de nosotros más fe que el misterio de la Trinidad. Y que lo compone todo. Incluida esta página. Incluidos vosotros, que no sé –mientras escribo esto- qué rostro tenéis. La materia -nos dicen los físicos, rodeados de un aura que, seguro, alguna gitana les ha fotografiado en una feria- la materia está en ebullición. No hay nada que siga las leyes normales de tiempo, espacio y causalidad dentro del átomo. Esa ebullición es lo que este ser que les habla llama Vida. Y lo que sostiene que vosotros intentáis crear cuando escribís: una forma de vida. Sois como el recóndito judío que pronunció la palabra Golem, como Gepetto, como Coppelius, como el doctor Frankenstein y Mary Shelley. Una forma de Vida, que siempre linda con las formas de la Muerte.Y de la Belleza.

[La biónica es una rama de la tecnología consistente en el análisis del funcionamento real de los sistemas vivos y, una vez descubiertos sus trucos, materializarlos en aparatos]

Es algo demasiado enorme y reiterativo hablar del ser humano. Desde que nos hemos obsesionado con él no dejamos de buscarle perspectivas, adjetivos, huellas paleolíticas, proyecciones en la pared o en la caverna, bóvedas celestes para su cráneo y magma y océanos para sus pies. La poesía siempre ha sido como un implante necesario para pensar el mundo: nuestro encéfalo primario sufre si únicamente come, duerme, se alimenta y se aparea. Necesita ortopedia. Necesita otra materia hecha de sí mismo. No estrictamente fabricada con palabras –la poesía no habita sólo en una agrupación más o menos feliz de subordinadas-. Pueden ser imágenes, objetos, sueños, memorias dislocadas…

La poesía funciona como un implante que nos permite sondear el entorno mágico de los seres. Las partículas del macrocosmos y del microcosmos que hacen lo que no se espera de ellas. La poesía tampoco hará lo que se espera de ella. Seguramente nos golpeará a todos en la frente antes de escapar de este texto.

Primer plano: como un ser pluricelular

así la poesía

arrastrándose fuera de sus aguas

Que la poesía es un monstruo de varias cabezas no es nada nuevo. Estuvo junto a los héroes épicos, en los harenes, en los palazzos, en las paredes de templos hindúes, en las leyendas de los cazadores de leones, en las tabernas de los puertos balleneros… Los poetas no somos nuevos y nuestra labor se mezcla con la de un alquimista o un científico o un mago del circo. No somos nuevos. No es nuevo quien les habla, que escribe esto a medianoche sintiéndose ingenuamente nueva. Somos copias sucesivas de copias sucesivas. Pero en cada copia hay mutaciones, errores, fallos que desvirtúan el original.

Tensamos el hilo de una memoria muy fina, de la consistencia del hielo, y escribimos sobre esa nieve porque debajo de ella respira la tierra donde sepultaron a tantos que nos hicieron posibles. La memoria se trabaja, es como la tela de una araña con Alzheimer.Si, como decía Bertrand Russell, el mundo acabase de ser fabricado hace 7 minutos pero nos hubiesen dotado de una memoria de siglos, la labor de un poeta sería la de hacer cuadrar ese desfase tejiendo estirpes, inviernos, modos de abrir los ojos, modos de tensar arcos, posturas de sueño, maneras de hacer el amor, palabras para maldecir, para conjurar, para drogarnos, para apretar los puños, para perder la conciencia, para reír… El poeta estaría como tapando los agujeros del universo por los que se escapan las fórmulas de la vida. El poeta, la poeta, querría ser ella también un ilícito doctor Frankenstein, acabar un monumento más duradero que el bronce, saberse criatura que ha hecho criatura, algo que le diga que no está solo y que no debe tener miedo y que sus manos se enlazan con las manos de quien lo lee y el suspense continúa.

¿Cómo se habla del hoy día? El ser que tienen ante ustedes –mitad víscera, mitad metal- se reconoce incapaz de hablar del hoy día. Está demasiado dentro del hoy día. Intuye que ese monstruo que llaman poesía, o arte en general, en ocasiones está en otra parte. Que hay gurúes que dictaminan dónde pero nunca se sabe. No hace caso de lo que le dicen ser poesía. Los organismos pluricelulares tienen el don de disfrazarse y camuflarse: ¿por qué un poema sólo ha de estar escrito? ¿Por qué la voz poética ha de ser ese eterno yo con su eterna multiplicación de espejos? ¿Por qué un robot no puede hacer poesía? ¿Por qué no un grito? ¿O el fragmento de un diccionario? ¿Por qué ese exceso de emotividad y no la glacialidad de un paisaje antártico? ¿Por qué no la épica, lo que no se dice, lo que diría un cyborg fabricado a nuestra medida, con nuestras memorias y sueños? Ojo: no significa que cualquier cosa sea poética. Pero sí que cualquier cosa puede convertirse en poesía bajo cierta luz.

Pluricelular significa de muchas células. La vida tiende a ello. El cosmos tiende a ser infinito. Todo, salvo las explicaciones, debe multiplicarse para existir.

Panorámica: el lugar de donde vienes

La persona que les habla viene de un lugar donde la poesía lleva multiplicándose desde que existe. Un lugar que, como Teruel, de repente comienza a existir. Las manifestaciones artísticas desarrollan cordones umbilicales con su lugar de origen, es obvio. El Estado es una máquina obsoleta, una carcasa vacía que tuvo su razón de ser hace 500 años y hoy resulta lastimosa, como el fantasma de una armadura. Somos todos bastardos de estrellas, sí, de helio y neutrinos y de sabediós cuántas antipartículas más, pero hijos adoptivos de los lugares de nuestra infancia. Para siempre.

En Galicia, la explosión lírica es de una magnitud deslumbrante. De la poesía actual, tanto gallega como de otro lugar, el ser que les habla afirma mostrarse interesada en su esquizofrenia. Dice descreer de los que abanderan la originalidad: dice no haber creído nunca en ella. A ella le interesa más su lado enfermo, el monstruoso, el híbrido que no sabe a qué atenerse, que balbucea, que hurga en materias que le son ajenas y no distingue entre lo que pertenece a uno mismo o pertenece a otros.

De los versos, lo que más interesa es lo converso, lo universo, lo tergiverso. Lo que da miedo, maravilla y pocos hacen caso.

[La cibernética es el arte del timonel. El que trata los trazos generales de los procesos y sistemas de dirección, en las máquinas y en los organismos vivos, de tal modo que las máquinas acaben por reaccionar]

Los honores oficiales pintan un país de las maravillas poéticas. Pero a ella le gusta observar, como el gato de Cheshire desde su burlona rama, cómo ese país de las maravillas se metamorfosea en lo que realmente será perdurable. Lo que realmente será perdurable: quién lo sabe. Pretender saberlo es de un candor que a la persona que les habla le horada su encéfalo todavía animal.

Nunca sabremos lo que perdurará de nosotros. Tengo la certeza de que en el futuro a nadie le interesará esta ponencia perpetrada en una noche, con palabras que otros crearon, con pensamientos que quizás una anciana malaya, una niña esquimal o un joven venezolano están engendrando en este mismo instante en algún lugar de su sueño o de su embriaguez. Quizás lo único que interese en el futuro del ser que les habla sea un pequeño huesecillo del oído o una lista de nombres para gatos que anotó en un cuaderno cuando era niña. Lo que a ella le interesa hoy de la poesía del lugar de donde por azar viene quizás sea como el huesecillo del oído para los seres del futuro: algo que hoy pasa inadvertido, que es pequeño, que apenas resuena, pero que forma parte de una maquinaria hecha para percutir y es crucial para que un organismo pluricelular como la poesía respire: las ediciones de autor, por ejemplo (y recuerdo poetas como Rafa Villar con o devalo do mar, Chus Pato con Urania, Lupe Gómez con Pornografía, Celso Fernández Sanmartín con sen título); las obstinadas publicaciones (revistas, editoriales diminutas y delicadas como hongos de gnomo, fanzines universitarios donde probar ese sabor agridulce de ser público…). El lugar de donde ella viene es pródigo en este tipo de manifestaciones: las casas editoriales en Galicia son empeños casi domésticos de gente que dignifica lo que durante mucho tiempo fue desbrozado, considerado inculto.

Otro frente: los autores de cómic, un género que crece en Galicia y que está teñido de un onírico y claro lirismo, quizás influjo de la escuela de Moebius o de Max (Miguelanxo Prado, Manel Cráneo, Alberto Guitián…). Siguiendo con lo visual, las propuestas plásticas que mezclan lo digital con lo digital (lo tecnológico y los dedos que aún dan forma a la materia) como las de Marina Núñez (artista palentina de origen y que trabaja en Pontevedra retratando la histeria y androides)…

La voz de la mujer es un tema recurrente. A veces, las mujeres (incluido el ser que les habla) hemos sido la atracción principal de un circo literario ambulante. Hace muchos siglos que las mujeres cambiaron la perspectiva de la literatura o proporcionaron otra: Safo, Murasaki Shikibbu, Sei Shonagon, Sor Juana Inés de la Cruz… Que nos demos cuenta ahora, es nuestro problema. Explorar en ese lado híbrido de las mujeres que no sólo somos mujeres, es un lado abisal sumamente tentador. Y comercial.

Epílogo: la imagen se cierra en una “O”, como en los finales de Chaplin

Los poetas no se cansan de repetir que la poesía hace tiempo que ya no se guarda donde siempre. Que está en otros lugares. Que ya no se escribe… Quizás sea cierto. El ser que les habla no les va a decir, moviendo la cabeza con pesar, que la poesía está en crisis. No se va a hacer eco una vez más de una poesía interdisciplinar, intertextual, inútilmente útil… Para ella lo lírico palpita suspendido sobre la hoja, es suspense, una especie de captura dentro de unas líneas, un intento desesperado y onírico y burlón de no sentirnos solos, de ser amados, de que pasen la vista sobre nosotros como la mano sobre nuestros cuerpos, de pasarla nosotros por cuerpos que deseamos, que ya se han ido… y, sobre todo, una manifestación de esa ortopedia que precisamos para pensar la nebulosa de Orión o los abismos sociales de la India o la falla de San Andrés o el Hollywood de 35 mm.

Y, además, la poesía se revela como plagio de plagios y los poetas como autómatas de autómatas. Sin saberlo, perpetúan una memoria de siglos en sus circuitos mentales: por eso el idioma se ha convertido en un hecho poético más, en una elección comparable a escoger el adjetivo escarlata o carmesí para hablar de unos labios o de la sangre de un muchacho muerto. Somos seres con Alzheimer y hemos de sujetarnos con fuerza a unas pocas palabras para no salir disparados hacia el futuro. Nunca la especie humana se había obsesionado tanto con el futuro. Con su propio futuro como especie. Y en ese futuro, la diversidad, la mutación, la mezcla, parecen alivios, remedios antiguos y sabios… y al mismo tiempo –quizás porque la paradoja es la reina de ese dominio que llamamos Vida-, en ese futuro no queremos perder los anillos de nuestros troncos, los nombres de nuestros abuelos, los topónimos donde nos concibieron tal vez porque sospechamos que ese yo con aristas y caras ocultas del psiquiatra vienés es menos yo de lo que nos habría gustado.

La poesía se había aferrado con conmovedora fuerza a ese yo y comienza a despegarse de él lentamente. No sé dónde acabo yo y dónde comienza quien me lee, no sé dónde acabo yo y dónde comienza el ser que amo, como el gato de Alicia, aparecemos y desaparecemos y sólo dejamos una sonrisa de ironía y cuatro indicaciones que suscitan más dudas. ¿Es más yo que yo este texto? ¿Lo leerán en el 2050 para mofarse de su estilo? ¿Y en el 2200? ¿Seguirá hablándose el idioma original en que fue escrito? ¿Se preguntarán en el 3000 por la extraña anatomía de los huesecillos de nuestro oído?

Un poeta chino escribía “Quizás somos del mismo pueblo”. ¿Pudiste haberlo escrito tú? .Hace más de dos mil años, un filósofo egipcio: “Este instante es corto, como un sueño/ y la muerte te sorprende cuando lo has entendido”. El anónimo o anónima autora de El Cantar de los Cantares podría haber sido yo misma. Yo misma. Tengo miedo de decirlo, tengo miedo del cosmos, pero también me da la risa ese miedo y quiero seguir. Como vosotros, quiero fabricar la Criatura, el Golem, la bella Olimpia de Hoffmann, el ruiseñor de Andersen, la prostituta rebelde de Metrópolis, el Alien… Somos todos de ese mismo pueblo que no se sabe muy bien quién gobierna. Que no se sabe muy bien si es gobernado. Un delirio ácrata que nos deja en suspense.La respuesta a nuestro cosmos es tan similar que enternece. La poesía actual es la de dentro de tres mil años. Es la de hace tres mil años. Es la del lugar de donde vengo. Es la del primer rostro que miraré cuando abandone este texto destinado a encerraros.

Es la del yo que no es tan yo como supuso. Es la del vosotros, cromañones, vikingos, cazadores de leones, balleneros, organismos pluricelulares que mutaréis y mutaréis y mutaréis y saldréis de esta página inesperados y vertiginosos, con una mano sobre mi rostro, casi como una violenta caricia.

PEQUEÑA LISTA DE POESÍA CONTEMPORÁNEA

ciertas formaciones nubosas y la palabra ionosfera

la Refinería de A Coruña de noche

los pechos de las mujeres Masai

la primera palabra que escribiste

la biomecánica

la secuencia de la batalla sin voz en Ran, de Kurosawa

las bóvedas que imitan el cielo estrellado

las revistas mutantes

los pisapapeles en los que nieva

un juguete abandonado

la fórmula de la sal común

las arrugas de una anciana siberiana

las cabezas reducidas de los jíbaros

las letras Hollywood en el monte Lee

la santería cubana

tu rostro antes de que tus padres se conociesen

la historia de la australopiteco Lucy

una maniquí besando a un espantapájaros

los ojos de Orson Welles

tus huesos

una lista de nombres de gato

una lista de amnistiados

la sonrisa de un androide

dos ciervos luchando

un tranquilizador campo con flores

una botella de Mirinda

un prospecto de Polaramine

esta lista

el cuaderno de dibujo de un niño de Mali

la voz de tu bisnieta

música

las preguntas: ¿Procedencia?¿Destino? antes de volar

una imagen cerrándose en una “O”, como en los finales de Chaplin

puntos suspensivos entre paréntesis

Estíbaliz Espinosa, en Oviedo, I Encuentro Internacional de Jóvenes Escritores, outubro 2001

QUE IMPORTA QUE A AUTORA NON VIAXE Á VELOCIDADE DA LUZ

Unha introducción á cosmoloxía práctica.

Dende o outro extremo da galaxia desembócanos un raio de luz. Pero esta vez tampouco é a autora. Se fose ela entón o que tendes detrás se mostraría diante, a area ascendería no reloxo de area, a serpe buscaría a súa cola para se morder, o pozo beberíase. A autora sería enerxía e non materia. A autora nin se crearía nin se destruiría e non precisaría crear ou destruír.

Por riba dela mesma, a autora non habería de vestirse con pel de autora. Non amosaría un inicio de rabo. Esto non sería papel, nin eso de aí, xente.

Transformar hidróxeno en helio din que é propio das estrelas. A súa luz se toma o seu tempo para chegar. Non lle importa cando.

Todos nós vimos acabar un século: o século da velocidade. A cinemática, o circuíto integrado, o motor de explosión, as prospeccións petrolíferas, a enerxía eólica, chaplin, a aerodinámica, a guerra das galaxias, o adsl, o relato curto, o xenoma, o futurismo, a nasa, a rede, woody allen…todo é un brinde ao movemento sen descanso, á espiral sen fin, á présa, á aproximación aos 300.000 km. por segundo, que é unha nova forma de divinidade, o atributo eterno da divinidade que esta vez arrebatoulle a vellas figuras de arxila ou bronce o seu status: a aureola de luz de Apolo xa é máis Apolo que Apolo.

¿E nós?¿Que pintamos nós, sucias criaturas opacas, errantes e planetarias como seres sen nome? Aínda que fillos non recoñecidos, aínda que bastardos lonxanos de Betelgeuse, habemos de asirnos con forza ao noso propio corpo para non morrer alcanzados pola luz que non somos. Tan así que toda a historia do home cristaliza nunha ansia repetida por alcanzar a luz. Fillos ilexítimos dunha raíña que non se deixa apreixar coas mans, que non abdica en nosoutros.

Dende que a autora é autora o sol segue saíndo polo leste. As guerras terminan con alguén que reconstrúe unha porta. Os mouchos sentan no cadradiño simbólico asignado á sabedoría e as mulleres, as que serán eu, as que foron que serán, botan a casa pola vaxina de tanto andar en tratos coas mareas. Dende que me din poeta o mundo cambiou toda a súa nada por un paquete de folios puros que esperan algo de min, que son a mesma co pelo un pouco máis longo.



A autora, en seguida comprobarán, non é nada especial. Antes de que ela escribise isto as algas dos abismos se fornecían de pigmentos específicos para realizar a fotosíntese. Moito antes o home traballaba os metais. Antes o sol era sol con protuberancias que lle eran propias, é dicir, solares. Como terán comprobado, a autora, nada especial, ten tendencia a perderse pola nada espacial. Crese cometa pero só porque ten o pelo moi longo e sempre lembra as datas. O que si ten a autora é unha xanela na súa casa, xanela pola que se asoma ao mundo, que non é en absoluto o mesmo mundo que se desliza, arrastra e babexa cinco pisos máis abaixo. Despois disto que acabo de dicir, se queren chamar a esta xanela unha “xanela para sentirse superior” poden facelo. Todas as xanelas o son un pouco, mais non é ese o atributo esencial desta que falo. En fin, para profundar sobre o tema chamen a autora e ela facilitaralles as tarifas.

Sucede que cando esta autora mira por esta xanela non ve senón os ollos da que foi. Para ir ao lugar do que ela se nutre habería que poñerse gafas especiais, como de aviador, e mirar a través desa xanela. Habería que ver tellados, gaivotas e firmamento e que os ruídos ascendan lentisimamente mentres en fronte se moven seres como veciños que un nunca atopa na rúa. Habería que contemplar o rostro de algo que un quere atrapar coa man, como un raio de luz que se dobra na auga.

Vou supoñer que todos temos un lugar onde nos facemos “algo”: homes ou mulleres ou ebanistas ou horteláns ou idiotas ou poetas. Se é que ser poeta require un “afacerse a”. A autora, despois de moitas enquisas, enumeracións e listas tachadas elixe ese lugar. A xanela da súa casa. Aí pensou algunha vez “distinto”, preñouse de palabras que lle subían pola garganta a piques de ser… ¿a piques de ser que? ¿Grito?¿Protuberancia solar? E se non foi ese o lugar, a memoria, que serve para manipulalo todo – o que foi e tamén, por incrible que pareza, o que será – , a memoria da autora así o dictamina. Non sei se este dato será de algunha utilidade ou pasará directamente a integrar o monstro de datos no que nos estamos convertendo. Behemoth de tantas cabezas como cuestións absurdas. Aínda así, sérveme para prorrogar uns segundos máis a abordaxe do tema central desta película no cal a nosa heroína (a autora), áchase cara a cara e en desigual batalla coa destemida realidade.

A autora versus a realidade.


Ela e a realidade. En toda relación hai dous. Na realidade desta autora calquera que estamos diseccionando aparecen diversos elementos: moitos deles en pé, como bastións ou tótems. Moitos deles durmindo unha eterna sesta. Cando un ve a esta autora coas gafas especiais que dan na entrada do cine a ve movéndose cunha lentitude documental, dentro dunha especie de enorme acuario no que albiscamos certas flotantíxeras cousas: dende anacos de arxila a retallos de soño, herbas altas, recortes de periódico, unha clase en 4º curso, unhas zapatillas, pensamentos, cadernos, ideas soltas, o fondo dunha piscina, moitas caras, algunhas derreténdose como xelatina, un gato… Fóra do acuario respira a realidade e dado que esta autora pertence, contra todo prognóstico, aos vertebrados mamíferos, ten que saír a respirala cada certo tempo. Mais, ¿que realidade é esa e por que ousa chamarse así?

Non sei se é certo iso de que somos fillos do que vemos, do que lemos, do que oímos. Quero dicir que é un pouco unha verdade de perogrullo. A autora vive na mesma realidade, ve as mesmas noticias, intenta o mesmo criticismo, experimenta o mesmo frío e o mesmo calor, a mesma dor, a mesma crise mundial unha e outra vez como para recordarnos que a palabra azul, que é case unha alta vía poética, procede dun idioma que esquecimos, ao que damos as costas, que o nome da estrela Rigel e do cero ao que todo volve son como o extracto dunha sabedoría moi antiga, de moucho pousado na rama, e a autora coñece as mesmas fronteiras trazadas co dedo, sospeita o mesmo da vida noutros mundos, saborea o salgado do mar e vive na mesma casca de noz á que damos en chamar universo cos seus reis, impostores, fabricantes, nenos, ministros, pombas e obras en construcción. A autora é parte orgánica de todo iso, e, como Deus foi para Spinoza Deus ou a natureza, así a autora é o que a rodea, por moito que asine libros en feiras ambulantes e porte unha foto na carteira para recoñecerse se se topa cun espello.

Este baño colectivo non invalida a natureza de cadaquén. A autora reflexiona sobre isto non sendo ningunha outra, pero sendo todo o que viu e o que soñou e o que leu e o que vai escribir agora e o que ti verás. É dicir, o todo todísimo. A autora é un ser anónimo cheo de ela mesma. A autora é un plaxio e un disfrace, pero como o foi Homero, como o foi Dante, como o foi Montaigne, Cervantes, Lautreámont. Leva dentro de si unha parte, o que a traidora memoria histórica así dispuxo, do que foi. Mais tamén está preñada de todo o que se descoñece e se imprime nela como un ferro ao roxo en forma de pregunta. Como o raio de luz dunha galaxia que aínda non partiu, que non verán os meus ollos, que si verán os teus.


A poesía -a autora crese en posesión dunha definición, como unha nena pequena apropiándose palabras- a poesía é unha adiviña desa realidade que non chega ata nós. Todos os cimentos que configuran a nosa sociedade, a nosa lingua que existe porque existen as mans, as nosas mans que existen porque existen os pés, os nosos pés que existen porque preexistiu unha cola, unha cola porque unha aleta, unha aleta porque un cilio, un cilio porque unha célula e así ata infinito… todos os cimentos que cementan unha vida, que a moldean e toman a súa forma, son unha parte dese longo raio de luz que nos torturaba nas clases de física por non poder montalo. O resto desa serpe multicolor é o que todos, e non só os poetas, que como tales son algo bastante acuoso, senón todos: mosqueteiros, rapsodas, nómadas, fabricantes, horteláns, os que sempre din si, os que nunca din non, os marcados na lingua, os astronautas, os guerrilleiros, os que cabalgan cebras, os bifrontes, os repentinos… todos -como os animais naquela enciclopedia china que era de Borges-, absolutamente todos procuramos. Ser autora ou ser poeta é un rasgo existencial que moitos comparten, como comparten o amor polos gatos, un prefixo telefónico ou unha maneira de dicir “adeus”. Non fai falla nada especial para selo: nin os ollos dunha cor, nin unha liña na palma da man, nin moito menos pertencer a unha caste ou coñecer todas as palabras do diccionario. Nin sequera é preciso chorar cando morre a nai de Bambi: os que máis choran necesitan kleenex, non poesía.

A nosa autora calquera, á cal lle estou collendo tanto cariño que terminarei por chamala “eu”, ten o don de non saber elixir e, como consecuencia, a virtude de non querer nunca dar respostas exactas. Non importa que non viaxe á velocidade da luz porque viaxa á velocidade da luz. As variables que ela escolle desa atmosfera real que sae a respirar de cando en vez son exactamente iso: variables, metamórficas, ruidosas caras dun poliedro, rugosas pezas de batería. Pero xa que insisten, e a miña conciencia ten un pepito grilo que sempre chora cando morre a nai de Bambi e cando todos claman “eu son Espartaco”, darei unha sucinta e terca relación de variables que a autora terma na man como corpúsculos de luz escapados dun raio. Así direilles que a autora leu que o século XXI empezara caendo torres e que temeu pola de Pisa. Porque a autora non é un ser atado socialmente ás circunstancias que lle tocan vivir e non habería de esforzarse en plasmalas como un reporteiro que quere ascender; mesmo que non queira, o mundo pasa a través dela como por unha finísima película, mesmo que non queira; a autora non se acha suxeita ao síndrome dunha crónica veraz dos feitos, porque o que é veraz non ten sentido. É un paradoxo da mente. Un trompe d’oeil. Círculos concéntricos que parecen xirar cara outra cousa, espirais, galaxias, nas mans do ilusionista. A realidade veraz presentada como tal na sociedade, cos seus pés de xigante inoxidable, é o búnker con cadeas do que escapulirá o gran houdini, o gran mago, o gran poeta.


Agora mesmo imaxinarán á autora voluptuosamente recostada sobre un diván, fumando un narguile dentro dun debuxo de época e co cartel de “literatura escapista” nas páxinas do libro. Literatura despreocupada, preciosista, arte por arte, arte ao cadrado: e equivócanse. A autora ten as mesmas pezas do puzzle só que casa sempre as que non son e ás veces non todas do dereito. Co cal existe sempre unha predisposición case diríamos pulmonar cara todo o que acontece, para respiralo, e non hai hecatombe que invertida na súa retina non se reflicta, nin número, letra, descubrimento, torsión que ela non asuma como propia, como contorno do seu sangue, como dirección. A autora, mal que lle pese, non puido inventar a Ulises, non preparou a morte de Celestina, nin foi filla de Lear, nin dama xaponesa nin heroe hotentote; pero ela ten outras marcas de sutura polo corpo, viu o home na lúa (se é que non foi unha montaxe da Paramount), viu pegadas de 3′5 millóns de anos e o home de Atapuerca, viu cousas que vós non creriades, viu o aleph, a velocidade, o xenoma, o cometa Hale-Bopp, unha muller africana, latas de atún caducadas, xoias literarias xuvenís, o bigote de Frida, unha odisea no espacio, cantigas de Martín Códax, o petróleo do Mar Egeo, billetes de cen pesetas, unha foto de Simone de Beauvoir, sentiu a Bela Bartok e a Lawrence Olivier, un avión a reacción, e bailou e saltou e viaxou e regresou. E todo iso está nela como a auga está no cántaro de barro, no barro mesmo do cántaro pese a que o cántaro estea vacío.

Todo iso nela como a luz que nos falta nas entrañas.

A inútil utilidade do inútil.

No xogo das servidumes ás veces é difícil saber quen serve a quen: ¿o bufón ao rei, que morrería de pena sen el?, ¿o suxeito ao predicado?, ¿o león ao domador?, ¿o ovo á galiña? A poesía serve a quen serve e se serve de quen a serve. A poesía ferve. E a autora ten a completa seguridade de que é practicamente inútil.

Por iso, tal vez por iso ese trozo de luz metido nun cubo ao que chaman poesía, prefixando fronteiras con escuadras e cartabóns e fina puntería, “ata aquí poesía, alí prosa, alí teatro, alí prospecto, alí mercadotecnia”, tal vez por iso a poesía bebe dunha realidade invertida e non ten por que ser completa, nin a palabra fin lle acae como propia nin ten por que servir a unha causa nobre. Como a cor lila nas lilas, como a nosa aparición nesta terra, como a auga que baixa das montañas e o ardor que sube ao sexo a poesía se incha, tumefacta e orgullosa de ser tan enigmática como inútil. Pero para os pragmáticos hai xa unha contrarréplica: ¿acaso é útil todo o feito polo home ata o de agora? E de ser así, ¿útil para que, ou máis terrible aínda, para quen? ¿Era necesario falar? Non falan as amebas e comparten o noso emplumado novo milenio, e o viven, e seguen coa súa monótona partición algún ritmo que nos é alleo.

Considera a autora un alivio e unha delicia que o feito de escribir non teña que escavar túneles ou mover decisións políticas. A literatura empeza e acaba en si mesma e hai quen vive felizmente sen ela sen ter por iso que ver menoscabadas funcións intelectuais ou afectivas. Certo que, como coas drogas de gran potencia, quen as probaron falan marabillas, pero a verdade é que o sol seguiría sendo sol sen Safo. Cambiaría, claro está, a nosa forma de ver o sol, porque as nosas lentes estarían talladas doutra maneira. A literatura ten a inútil utilidade do inútil, que é unha sofisticación netamente humana do calibre do riso ou da mentira.


A poesía, como os actos de fe que require a ciencia, é indemostrable e non ten por que cadrar. Non construirá unha ponte. Non alcanzará a velocidade da luz. Non resolverá os problemas, grandes e pequenos, que nos enchen de dúbidas. Non nos devolverá un ser querido nin atraerá ao ser que amamos. Nin achará a raíz cadrada de dous. Eses regos de ida e de volta que foron os primitivos versos configurarán unha xanela pola que outros asomarán a cabeza para sentirse infinitos, épicos, inmensos, insectos ou sombras. Outros que verán cousas que ti non crerías, que vós non creriades.

Non construirá unha ponte.

Non viaxará á velocidade da luz.

Epílogo

A autora falou do todo co que escribe a nada, das algas dos abismos que se fornecen de pigmentos específicos para realizar a fotosíntese. En verdade as estrelas converten hidróxeno en helio. En verdade non hai por onde comezar. En verdade a autora amosa, como todos os da súa especie, un claro inicio de rabo. E é ela a que vai desaparecer montada nun raio de luz como quen cabalga unha leoa enchida só porque eu o desexo e así sucede.

estíbaliz espinosa, en Oviedo, outubro 2001

Edición Alternativa

mesa redonda na Fundación Alberti, Puerto de Santa María, marzo 2001: EDICIÓN ALTERNATIVA

 

 

estíbaliz espinosa río

 

 

Convidada fui a hablar de edición alternativa.

Curiosa palabra, alternativa. La alternativa se toma, se busca, se sintoniza, se escribe. Se edita. Palabra que a veces se ofusca. Alternativa es partícula inseparable de la siguiente expresión: ¿A qué? Alternativo a qué. Porque a veces se me olvida que lo sustancioso del asunto no es que yo sea o no alternativa. El nudo gordiano radica en saber a qué soy o no soy alternativa. Y, por supuesto, de qué manera lo vivo y lo habito. Claro que yo no soy alternativa a nada y no valgo como ejemplo.

 

La edición alternativa. Yo no sé mucho sobre editar. Presupongo, tal vez con la osadía feroz con que nos dota la ignorancia, que la edición normal es aquélla que sigue los cauces más o menos establecidos: uno escribe un libro, o se lo escriben o se lo encargan, el detalle es lo de menos, y una empresa creada al efecto gestiona y financia labores de impresión, publicación, presentación, distribución, márketing, reembolso, porcentuación (si es que ello existe), redistribución, catalogación, felicitación, maldición y más cosas que, repito, presupongo o invento. Viene a ser lo mismo. Y con esta presuposición a la que me aferro como al clavo en la tormenta deduzco, con la osadía febril que proporciona el desconocimiento, que la edición alternativa será toda aquélla que no siga este proceso.

 

Mi osadía es veraz. Pero voy a aclarar de lo que hablaré, entre otras cosas para evitar que, tragando bostezos, decidan tomar otra alternativa, como irse a por un café. Que sería una alternativa a esta ponencia sobre lo alternativo. En fin, dando por hecho que la poesía, mimada como está por libreros, lectores y poetas, ha de acudir en bastantes ocasiones a la alteración y a “lo otro”, me centraré en tres aspectos de esas alternativas de edición: en primer lugar, la autoedición, la más drástica y libre; en segundo lugar, la edición en revistas, o cómo ir dosificándose colectivamente; y por último, las editoriales milagrosas y delicadas como hongos de gnomo, que surgen para publicar  con su varita, despreciar el vil metal y perderse ¡plop! en el fondo de un átomo.

Me encantaría poder hablar del libro electrónico, o de internet, la otra gran maraña  en donde hay tantísimas publicaciones ¿alternativas? provisionalmente pero he supuesto que alguien sacaría el tema y me lo he metido en el bolsillo.

 

Así que hablemos de la autoedición: ese acto de placer con uno mismo y que puede parir hijos tan cuidados. En Galicia ha sido habitual a lo largo de los 90, que algunos autores jóvenes se autoeditasen: es el caso de Rafa Villar, un poeta hoy justamente reconocido, que edita por su cuenta o devalo do mar, en el año 94; Lupe Gómez, una lupa sobre lo feo, que recita como quien piedras y que da a luz su Pornografía en el año 95; antes habían probado el gusto de esa suerte poetas de la talla de Chus Pato ( edita en el 91 el poemario Urania) o Celso Fernández Sanmartín, que probó y repitió: en el 91 autoeditó Divagacións iú, en el 94 o tigre das cenorias y al año siguiente sen título. El colectivo Hedral y su colectiva 7 poetas. Fran Alonso, poeta que hoy dirige la colección Ablativo Absoluto, de la editorial Xerais, contempló la posibilidad de autoeditarse y así lo hizo en el año 92, abriendo sus Persianas, pedramol e outros nervios.

Autoeditarse es publicar un espejo. Toda poesía lo es, sin duda, y como tal debe empuñarse. Los espejos no son inútiles ni fuente de vanidad tan sólo. O por qué no. Con espejos y sol venció Arquímedes la escuadra de Marcelo. Autoeditarse es una decisión arriesgada, una decisión absurda y, como todo lo absurdo, feroz, ingenuamente crítico. Presupone que los cauces están tupidos. Tal vez que, como se dice neutralmente, “no estaba listo para publicar” o “el mercado no lo acogería”. Mentiras acumuladas. Si se ha llegado a una era en la que se edita TODO, ¿cómo pueden parase a escoger? ¿Cómo creer semejante impostura? Cualquiera edita. La autoedición es un acto de dignificación del hecho de poder o no poder editar. “Me edito porque me doy  la gana.” No es posible, en un mundo en el que la basura con rayas es publicable, no es creíble que exista algún tipo de discriminación. Sé que puedo estar removiendo conciencias. Pero piénsenlo. Por encima de los criterios editoriales de las grandes firmas hay un cretinismo que se rebaja, se mueve, se nota y traspasa. Las autoediciones pueden llegar a formar corales en torno a este océano contaminado. Son cuidadas, salen cuando su autor así lo desea: están capacitadas para  incluir dibujos, manuscritos, papeles pintados, notas al pie, gomas del pelo, borrones… Viven en sus conchas gélidas esperando abrirse. Y algunas van de mano en mano o de voz en voz como un tam-tam que no se repite -pues no son habituales, que yo sepa, segundas ediciones de autor.

 

Todo esto que acaban de escuchar se asienta sobre otra presuposición más antigua: la de que la poesía existe para ser publicada, para ser leída. Quien opine lo contrario, podría olvidar todo cuanto aquí se ha dicho. Hay poesías que viven dentro de cangrejos ermitaños.

 

Editar en revistas es, en innumerables ocasiones, dar un primer paso. Romper el hielo con pequeños poemas, poner un diminuto pie muerto de frío y con pseudónimo. Siempre hay revistas. Desde las que, con más ilusión que medios, se fotocopian y entregan en mano ( como “A Caramuxa”, una iniciativa de un colectivo de Noia, en A Coruña o esos fanzines universitarios con dedos de tinta, “El vómito de las ninfas”, por ejemplo), hasta las más sofisticadas envueltas en terciopelo y con aire de ir a calentarnos los pies (“Valdeleite”). Siempre hay revistas y gente que escribe, se retuerce, debuta, se imprime, prueba y se mide en ellas: volviendo a mi referente más cercano, Galicia, podemos citar a las veteranas, como “ Festa da palabra silenciada”, en clara alusión a la palabra salida de mujer, a “Nordés”, “Dorna”, “Clave Orión”, “Ólisbos”… hasta otras nuevas que están cristalizando como la miel de buena especie: “Tempos novos”, “Sopirrait” o “Unión Libre”, ésta última una curiosa mezcla entre revista y libro monográfico de temas afines a la literatura pero muy diversos. Siempre hay revistas, mercuriales como termómetros. Dando salida a sus placentas.

Arruinándose. Subvencionándose. Camuflándose. Reciclándose en sabediosqué hasta que un día se nos deshojan.

 

Pero el trabajo editorial también puede plantearse como una especie de asociación lícita o unión libre de gentes que apoyan una literatura y no viven de ello, sino que tratan de sacar adelante un proyecto colectivo, a modo de cooperativa de letras. Es el caso de Letras de Cal, la editorial del gato lector, la cual nació a fines de los 90 financiada a fondo perdido por 18 chicos y chicas gallegos, poetas, que crearon un proyecto, hasta la fecha, singular: publicar sólo a autores noveles y, normalmente, jóvenes. Las ediciones, a 500 pesetas, están muy cuidadas, en formato pequeño, con ilustración en la portada y una distribución por recitales, de mano en mano o en algunas librerías gallegas, así como varias  presentaciones por ciudades y pueblos para lanzar las novedades.  Han editado dos antologías en libro grande: una de poetas gallegos que publicasen en los 90 y otra de poesía vasca, en bilingüe. La editorial Letras de Cal está preparando su página WEB con una revista. Hay alguien por ahí que tira y tira de este proyecto, con varios años ya y consolidándose. Cal para pintar los muros pintados, cal para la caligrafía y el calidoscopio.

Hace unos años, estaban a la venta unas carpetas con poemas: eran las Edicións do Dragón, dragón que, después de publicar a grandes valores de la poesía gallega actual que por entonces se estrenaban, debe de haber vuelto a las lejanas pagodas chinas a oír su propio eco.

Y para terminar, y tal vez por ello a la retaguardia, esbozar el último proyecto electrónico en la poesía galega: Retagarda, una idea de Rafa Villar y Estevo Creus, poetas del Batallón Literario da Costa da Morte, que consiste en editar libros en disquette como soporte único, aprovechando las posibilidades líricas y expresivas de la pantalla.

 

Con esa retaguardia aún caliente, haciéndose, prometiéndose, separo la vista del papel y vuelvo a mi estado normal y no alternativo. Pienso que, por suerte, siempre habrá muchas maneras para hacerse con un trozo de papel y domarlo. A nuestro antojo. A nuestro cincel. A nuestro insulto o palabra larva. A machetazos y fraternalmente. En casas editoriales pequeñas como un pulgar levantado. En revistas que resisten el paso de las hojas. En dunas con número de registro.

 

A veces esas alternativas a la edición son las más sanas. Y las que, paradójicamente, acaban venciendo al tiempo con su honda demostrativa, fiera, por encima de cosas, grandes números y sillones. Intuyendo.

 

Sin saber venderse. En definitiva.

 

Estíbaliz…Espinosa, marzo 2001